Alemania, primera parada Berlín

Comenzamos el viaje, 12 días por delante por tierras alemanas en octubre. Consistiría en una semana en Berlín y 5 días en Munich.

 

A priori, Berlín nos llamaba más la atención que Munich, pero la realidad fue que la ciudad que nos sorprendió fue ésta última.

El tiempo durante estos 12 días fue muy malo, frío y lluvia, sobre todo en Berlín. Me imagino que esto influyó en la percepción de la ciudad que nos hemos traído.

En la capital alemana nos alojamos en el NH Berlín Frankfurter Allee, hotel decente, bien de precio, situado en el Berlín oriental, un poco lejos pero con conexión cercana de metro. Hay un centro comercial cercano pero no hay apenas cafeterías o pubs para tomar algo.

En esta zona de Berlín, que corresponde con el antiguo Berlín comunista, las edificaciones son muy similares, a lo largo de los más de 3 kilómetros de la avenida Frankfurter Allee y Karl Marx Allee, que desemboca en Alexanderplatz los bloques de viviendas son iguales, resulta muy monótono.

Una vez que llegas a esa plaza (hay que comerse una Bockwurst, salchicha típica, están muy buenas y son baratísimas), teniendo tiempo, Berlín se camina bien. Puede haber distancias más o menos largas, pero se dejan recorrer a pie. A medida que te vas acercando a la isla de los museos los turistas se van multiplicando, la mayoría de ellos comiendo algo de alguno de los puestos que se ponen en la calle.

En esas fechas acababan de abrir el nuevo museo de arte egipcio y con ello el traslado de Nefertiti allí. Las colas para entrar eran desproporcionadas, por lo que nosotros optamos por ir al Museo de Pérgamo, en el cual apenas había cola. Es un museo precioso, ya sólo contemplar el altar de Pérgamo merece la pena la visita. También se puede contemplar la Puerta del mercado de Mileto, la Puerta de Ishtar de Babilonia y su gran avenida, entre otras cosas.

 

Una vez fuera del museo, tras tomar un tentempie en uno de los puestos del puente (muy recomendable), paseas por lo que nos pareció la zona más agradable de Berlín. La avenida Unter Den Linden, donde se encuentran una gran cantidad de edificios preciosos, como La Universidad Humboldt, el Guggenheim, el monumento ecuestre a Federico el Grande, la catedral Católica, el Altes Palais, la Biblioteca Nacional… hasta llegar a la Puerta de Brandeburgo y pasada ésta, el archivisitado Reichstag, con su moderna cúpula obra de Norman Foster.

Al lado se puede visitar el monumento dedicado al Holocausto, una especie de laberinto compuesto por bloques de hormigón.

 

Una visita también la merece el Checkpoint Charlie, lugar que separaba el Berlín Oriental del Berlín Occidental, no sólo por la garita original sino por la exposición al aire libre, donde por medio de paneles van explicando la historia del Berlín dividido hasta la caída del muro en 1989.

 

Visitamos mucho más lugares, con mayor o menor interés, pero el que nos sorprendió muy gratamente fue la plaza Gendarmenmarkt donde se encuentran en el medio el Koncerthaus y a cada lado la Franzosischer Dom (Catedral Francesa) y la Deutscher Dom (Catedral Alemana), que en realidad no son catedrales.

Coincidió que era la noche donde varios de los edificios más emblemáticos de la ciudad se iluminaban, el Reigstach, el Berliner Dom, los tres edificios de esta Plaza, entre otros. Ese paseo por la noche, sin lluvia, fue de los mejores recuerdos que nos llevamos de la ciudad.

 

Los aficionados a la historia de la II Guerra Mundial también tienen visitas importantes, los primeros tanques rusos que entraron para liberar Berlín, que se encuentran en el lugar del monumento al soldado ruso (en la strasse 17 des Juni); un bunker original, reconvertido en sala de exposiciones, conservando su estructura y dependencias, etc…

 

Respecto a la época del Berlín dividido se pueden ver restos por la ciudad, además del mencionado Checkpoint Charlie, por supuesto el Muro. Tiene varias zonas que aún quedan en pie, el tramo más largo tiene 1,5 km aproximadamente, donde artistas de todos los lugares han pintado originales dibujos. Otro de los restos curiosos es una torre de vigilancia de la antigua República Democrática Alemana, que se encuentra cerca de Postdamer Platz, en una pequeña calle.

 

Sin duda hay bastantes más sitios que visitar, como el gran parque que se encuentra en plena ciudad, el Tiergarten; la Columna de la victoria (Siegessäule); Gedächtniskirche (Iglesia del recuerdo); multitud de museos; la torre de televisión (Fernsehturm)…

 

En cuanto a la comida, aparte del currywurst, la Bockwurst, los  diferentes tipos de pretzels y la cerveza, todo ello buenísimo, pudimos ver una oferta internacional enorme. Para los que no les encanten los platos más tradicionales y elaborados alemanes como el codillo, la chuleta de Sajonia (o algo parecido), la perca o la carpa entre otros, existen restaurantes de todas las nacionalidades, con precios asequibles y los que probamos estuvieron realmente bien, si bien es verdad que no frecuentamos restaurantes de alta gama.

Como anécdota, lo que nos pareció muy caro fue el café, un expresso (más bien mini-expresso) no bajaba de los 2-2,5 euros en ningún sitio y el capuccino unos 3,5-4 euros. Daba igual que fuera en una cadena de cafeterías que en algún Café más original.

 

Para acabar el capítulo de Berlín, decir que la gente, por norma general fue bastante maja. Gente educada y amable, eso sí más fríos y distantes de la que nos encontramos en Munich, pero eso es otra historia.

 

Como conclusión de la estancia en Berlín, decir que nos decepcionó bastante porque teníamos unas expectativas muy altas por todo lo que habíamos oído y leído. No obstante como todo viaje, al final le sacas provecho, y por lo menos en mi caso, nunca me arrepiento de visitar nuevos sitios ya sea para volver nuevamente, o para darlos por vistos y guardar en la memoria recuerdos y experiencias.

 

 

Espero no haberos aburrido mucho.

Un fuerte abrazo a la gente viajera y hasta la próxima!!

 

Javi de Gijón

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