Ciudad Vieja, el segundo asentamiento español en Guatemala

Habiendo regresado a la metrópoli Pedro de Alvarado después de haber fundado Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1524 sobre el poblado indígena de Iximché, quedó como gobernador de la ciudad su hermano Jorge, quien hubo de hacer frente a una sublevación de los indígenas cakchiqueles, por lo que resolvió buscar un emplazamiento más seguro. Escogió entonces un lugar situado en el valle de Quinicilapán (Almolonga) en donde fijó la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala el 22 de noviembre de 1527. Allí mandó construir una iglesia bajo el patronazgo de Santiago Apóstol, hospital de Misericordias para pobres y peregrinos, capilla y un oratorio bajo la advocación de Nuestra Señora de los Remedios, casa de cabildo y cárcel.

El caso es que hay dudas sobre el lugar exacto del núcleo fundacional de esta segunda ciudad y el investigador Janos de Szpecsy, en su obra “Santiago de los Caballeros de Guatemala, en Almolonga” publicada en 1.953 lo sitúa el valle de este nombre, conocido también con el nombre de Quinicilapán, hacia el oriente de la actual Ciudad Vieja, precisamente en el actual barrio de San Miguel Escobar. En efecto, las excavaciones realizadas parecen identificar este punto como el lugar donde don Jorge de Alvarado asentó la nueva ciudad de Santiago y fue allí donde el obispo Marroquín construyera la primera iglesia dedicada al apóstol que fue elevada al rango de catedral por bula de Paulo III de 1534.

Aunque su vida fue algo más larga que la precedente, no le fue a la zaga esta nueva ciudad a su predecesora. Entre el 10 y 11 de septiembre de 1541 se produjo un verdadero diluvio, seguido de un movimiento sísmico que provocó que el volcán Hunapú vomitase gran cantidad de agua, por lo que fue conocido desde entonces como volcán del Agua. Los efectos fueron mortíferos y la ciudad quedó prácticamente destruida. La leyenda popular culpó de su desgracia a doña Beatriz de la Cueva quien, tras haber enviudado de Pedro e Alvarado, debió perder el juicio porque mandó pintar de negro las casas de la ciudad, lo que se reputó como signo de mal agüero por los indígenas.

Fuese o no cierta la maldición, lo que sí es innegable es que la propia doña Beatriz perdió la vida con la mayor parte de sus damas a causa de la inundación. El obispo Marroquín sacó fuerzas de flaqueza y dirigió la inhumación de los fallecidos y los trabajos de salvamento. Pero la vida de la segunda Guatemala estaba sentenciada.

La actual Ciudad Vieja, situada a cinco kilómetros de Antigua, que será la tercera Santiago de los Caballeros, está rodeada por los volcanes del Agua, de Fuego y Acatenango y su término es atravesado por los ríos Guacalate, al que se une el Pensativo, para formar el María Linda. Vive también de forma apacible, aunque no tan olvidada como Tecpán y tiene una plaza principal encabezada por la torre del reloj y en la que hay un parterre con un monumento sobre piedra que reproduce la imagen de la sumisión de los caudillos indígenas ante el conquistador.

Pero el edificio más sobresaliente es la iglesia, construida en el siglo XVIII y dedicada a la Inmaculada Concepción. En su interior se venera una antigua imagen de dicha advocación mariana a la que se conoce cariñosamente como Chapetona. En su honor se celebran grandes fiestas desde finales de noviembre y hasta el 8 de diciembre. En la víspera de la patrona tiene lugar el convite, desfile de carrozas con bailes folklóricos, siendo los más populares de todos los bailes de los diablos, de los moros, de los toritos y de los fieros. El 8 hay misa mayor seguida de repique de campanas y fuegos artificiales y por la tarde tienen lugar en el barrio de San Miguel unas presentaciones teatrales llamadas loas, en las que aparecen diablos, ángeles y personajes. Y la fiesta termina con un monumental castillo pirotécnico y el despliegue final de un lienzo con una imagen de la Chapetona.

Es curioso comprobar que Tecpan y Ciudad Vieja aparecen citadas en las guías de viaje de Guatemala de modo muy tangencial, acaso porque son poblaciones pequeñas y también debido a que su patrimonio monumental es reducido. Pero no cabe duda de que en ellas se escribieron páginas importantes de la historia de Centroamérica que merecen ser recordadas.

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