Teruel mudéjar

Plaza del Torico, Teruel. (© E.D.Uceta)

Plaza del Torico, Teruel. (© E.D.Uceta)

Teruel tiene un estupendo patrimonio a pesar de ser una ciudad pequeña y apartada de las rutas más frecuentadas. Por eso a Teruel hay que ir a propósito, con ganas de conocer una ciudad muy tranquila, ideal para pasearla a pie, para pasar un fin de semana caminando por ella sin prisa.  Sobre todo disfrutando del arte mudéjar, de los edificios mudéjares, que son la verdadera seña de identidad de esta ciudad pequeña, recogida, y llena de encanto.

 

Los edificios mudéjares de Teruel fueron incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, dentro del Mudéjar de Aragón. Cuando hablamos de mudéjar nos referimos al arte que hicieron los mudéjares, que eran los musulmanes que siguieron viviendo en territorio conquistado por los católicos. Les llamaron los domesticados, como dice la palabra de origen, muddayan. Los artífices musulmanes eran mano de obra muy cualificada que trabajaban muy bien en la agricultura de los regadíos y en la construcción. De la aplicación de sus técnicas constructivas a los edificios cristianos surgió un nuevo estilo, de edificios cristianos hechos con las técnicas de los albañiles musulmanes, y realmente dieron forma al único estilo que puede considerarse creación de la cultura hispánica. Esos mudéjares, que se quedaron a vivir en la península a pesar de las dificultades de vivir entre cristianos, llegaron a constituir más del 10 % de la población en Aragón, donde dejaron un patrimonio estupendo.

 

Entre las joyas arquitectónicas que dejaron en la ciudad de Teruel destaca la Torre de la Iglesia de San Pedro, una de las más antiguas, en un templo que tiene también una cabecera gótico-mudéjar, y que es la iglesia que guardó el sepulcro de los Amantes de Teruel en el sarcófago que esculpió Juan de Ávalos. Ahora se puede ver en un edificio anejo, el Mausoleo de los Amantes, que sigue siendo la gran atracción de todos los que llegan a la ciudad.

 

La historia de la pareja formada por Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla, que sólo consiguió estar unida en la muerte. La familia de ella impidió la relación debido a la falta de recursos económicos del enamorado. Él se fue a la guerra para hacer fortuna, le dieron un plazo de cinco años, y cuando volvió ella se había casado con otro. Juan murió de amor y ella de dolor por la muerte de él. Una historia real semejante a la de Romeo y Julieta, cuya memoria se guarda en la iglesia de San Pedro, y en su anejo Mausoleo de los Amantes.

 

Torre de la iglesia del Salvador, Teruel. (© E.D.Uceta)

Torre de la iglesia del Salvador, Teruel. (© E.D.Uceta)

En estilo mudéjar también son muy valiosas las iglesias de San Martín y la del Salvador, en especial por sus torres. En las dos pasa una calle bajo la alta torre de planta cuadrada, con fachadas ricamente decoradas, cubiertas de detalles hechos minuciosamente con ladrillos que se mueven y resaltan, y se combinan con piezas especiales para hacer lacerías, arcos ciegos, frisos de esquinillas, cenefas, ventanas geminadas y motivos decorativos de tipo abstracto, no figurativo, que se combinan también con elementos cerámicos vidriados en el verde típico de la zona de Teruel.

 

La Torre del Salvador se puede visitar en su interior, subiendo hasta la parte más alta por una escalera periférica que discurre entre el muro exterior y el núcleo, como en la torre de la Giralda sevillana. La calidad del mudéjar turolense es casi incomparable, auténtico de los siglos XIII y XIV. Mucho más tarde, a finales del siglo XIX, se puso de moda el neomudéjar, porque era muy asequible, se hacía todo con un material básico como es el ladrillo, y con él se levantaron escuelas, hospitales y plazas de toros en estilo neomudéjar.

 

Retablo catedral de Teruel. (© E.D.Uceta)

Retablo catedral de Teruel. (© E.D.Uceta)

La catedral de Teruel cuenta con una espléndida torre mudéjar del siglo XIII, bajo la que pasa también la calle, y tiene también la cabecera de estilo gótico-mudéjar, además de una cubierta de artesonado, de par y nudillo, también muy antigua, del siglo XIII, totalmente policromada, que es de una rara belleza. Tiene un retablo extraordinario de Gabriel Joli, del siglo XVI, que se considera una obra maestra, espléndido, sin policromar, en madera pura. El coro con su rejería y la sacristía también son muy valiosos.

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