Varsovia, Polonia

El Palacio de la Cultura y la Ciencia de Varsovia es el edificio más alto de Polonia. Es sede de importantes actividades culturales, congresos y ferias -entre ellas la TT Warsaw Tour & Travel- y su imagen forma parte del syline de la ciudad.

Cada ciudad tiene su pastiche pero no todos corren igual fortuna. Los hay que llegan a identificarse tanto con el entorno que se convierten en un símbolo insustituible del lugar. Este puede ser el caso de la torre Eiffel de París o del mausoleo de Víctor Manuel II en Roma. Y sin lugar a dudas es también el caso del palacio de Cultura y de la Ciencia de Varsovia, el edificio más alto del país, construido como “obsequio de las naciones de la Unión Soviética” en la proximidades de las calles Zlota y Chmielna sobre un espacio urbano lleno de viviendas que quedaron destruidas durante la segunda guerra mundial.

Habida cuenta del momento en que se erigió se pensó darle inicialmente el nombre de “palacio Stalin”, pero la oportuna muerte del sátrapa georgiano evitó tan desagradable denominación y quedó como se ha dicho, aunque el buen humor polaco ha popularizado otras denominaciones cuales las de “el cuartel vertical” o “el pastel de bodas ruso”. Un pastel de bodas de cemento y acero, desde luego.

El palacio de la cultura y de la ciencia de Varsovia es un edificio ciclópeo, de líneas rectas, adornado con abundante estatuaria exterior neoclásica a base de hercúleos obreros exhibiendo pectorales y recatadas matronas proletarias en traje talar, todo lo cual le da un empaque faraónico. El proyecto, escogido entre cinco diferentes, fue obra de un equipo encabezado por el arquitecto ruso Lew Rudniev, autor de la universidad Lomosov, cuyas líneas copió en buena parte en el proyecto polaco aunque intentó incorporarle algunas peculiaridades del país.

Parece que entre rusos y polacos hubo numerosas discusiones sobre la altura que debía alcanzar, así como cuál debía ser su finalidad. Los primeros pretendían que fuese un centro universitario y los segundos, cultural. Ganaron estos últimos y las obras empezaron en 1952 y concluyeron en 1955.

El resultado fue un edificio de 42 pisos con 817.000 metros cúbicos de capacidad, con 3.288 salas y 167 ’68 metros de altura, que con la aguja alcanza los 230’68, lo que lo hace el más alto de Polonia y es visible desde cualquier punto de la ciudad. Dispone en su interior de 3.288 salas y hay cines, teatros y aulas de conciertos con capacidad hasta para 6.000 personas y 10.000 metros cuadrados en salones para exposiciones y toda suerte de manifestaciones. Pero además constituye la sede de un centenar de instituciones, museos y un palacio de la juventud.

En su derredor se alinean las principales calles de Varsovia. La inmensa plaza delantera que da sobre la avenida de Marszalkowska fue utilizada durante la dictadura comunista para los desfiles, mientras que en la fachada lateral, que rinde sobre la avenida de Jerusalén, abre sus puertas la cinemateca y el museo de la Técnica y en la posterior, una gran sala de congresos.

Cuenta con 28 ascensores que se trajeron desde la antigua URSS, pero que tras el desmoronamiento del mundo socialista han sido sustituidos por otros nuevos procedentes de la Unión Europea y que ascienden a una velocidad de seis metros por segundo. El público puede, previo pago de la correspondiente entrada, subir al piso 30 y contemplar diferentes perspectivas de Varsovia desde los cuatro puntos cardinales.
El cambio político ha variado sensiblemente el significado del palacio e incluso su aspecto. No cabe duda de que está bien conservado y en su interior se desarrollan numerosas actividades congresuales, culturales y feriales. Pero lo que más ha variado es el contexto urbano que lo rodea. Sigue en su sitio el hotel Polonia Palace y la estación central de los ferrocarriles polacos, pero donde la guerra dejó solares escasamente aprovechados durante la autocracia comunista, el tiempo transcurrido desde la recuperación de las libertades ha creado un nuevo escenario caracterizado por rascacielos y rutilantes centros comerciales de fachada acristalada.

El espacio de la antigua plaza de los desfiles está ahora ocupado por barracones dedicados a actividades comerciales y cuando la templanza del tiempo lo permite, los paseantes recorren esta zona y compran en los numerosos tenderetes que en ella se instalan, principalmente de flores, prendas de ropa o golosinas. Decir del palacio de la cultura y la ciencia de Varsovia que es un pastiche es expresar la evidencia. Pero hay que añadir que se trata de un pastiche que se ha incorporado a la fisonomía de la ciudad, tiene funciones esencialmente útiles y forma parte de su skyline. En su interior ya no se celebran plúmbeos congresos del partido único, ni hay desfiles como los de antaño, pero sí se realizan ferias y actividades culturales, hay funciones de cine y teatro y lo rodea un intensa actividad callejera que es expresión de la magnífica vitalidad de Varsovia.

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