Xaouen, una ciudad del norte marroquí con sabor español

La medina xauení con casas en color blanco y azul conserva una arquitectura típicamente rifeña y la supervivencia de edificios artesanos.

Cuenta la historia que fueron los jerifes Muley Abu Yumas y Muley Alí ben Rachid quienes construyeron una fortaleza en un remoto paraje con el fin de hostigar los primeros asentamientos europeos en Ceuta y Tánger. El establecimiento, erigido el 1471, recibió sucesivas emigraciones de granadinos musulmanes, judíos y moriscos procedentes de la península que dieron a la población de Xauen una fuerte impronta española.
El poblado permaneció enérgicamente cerrado a los cristianos, aunque hubo quienes lograron romper ocasionalmente ese aislamiento. Cuando España y Francia acuerdan en 1912 dividirse el imperio jerifiano en sendas zonas sometidas a su respectiva protección, la región de Gomara quedó dentro del área jurisdiccional de nuestro país y la ocupación de Xauen fue uno de los objetivos más difíciles. Conseguida efímera en 1920, lo fue ya con carácter definitivo seis años después.

Desde 1926 hasta el fin del protectorado Xauen fue ensanchándose con una ciudad nueva de estructura típicamente española y, tras la independencia, ha crecido mucho más. Ahora es una ciudad de 55.000 habitantes que es además capital de provincia. Pero el cambio mayor es el que han impuesto los turistas con numerosos hoteles y pensiones y un intenso ambiente comercial.

La elección del lugar donde se fundó esta ciudad no puede separarse de la existencia de un manantial de agua purísima de montaña conocido como Ras el Ma, a cuyas orillas fueron surgiendo la primeras edificaciones de la medina o ciudad antigua amurallada. Como tantas otras ciudades magrebíes está formada por un dédalo laberíntico de callejuelas. Aunque la medina se ha adaptado al turismo y en sus viejas casas, con fachadas blancas y azuladas porque se dice que este color protegía de los mosquitos, se han instalado numerosas tiendas, sigue habiendo artesanos. También pequeñas mezquitas, cuya puerta descubre discretos interiores umbríos a los que acuden los fieles a rezar a las horas canónicas. De vez en cuando, algún hamah o baño turco. Y por aquí y por allá, numerosas casas antiguas reconvertidas en alojamientos turísticos.
El epicentro de la medina está en sendas plazas colindantes comunicadas por una corta calle y ambas, con árbol en su centro. La plaza del Majzén, más pequeña, tiene una fuente en uno de sus lados y el antiguo hotel Parador, al otro y tiendas en derredor. La de Uta al Hamam es mucho mayor y está dominada por la muralla roja de la kasba construida por ben Rachid y ampliada en el siglo XVII por Muley Ismail, con un hermoso jardín y un pequeño museo.

La medina limita físicamente con la primera ampliación urbana hecha en tiempos del protectorado y de este modo la calle de Hassán II conduce a la plaza circular que hoy se llama de Mohamed V pero fue de España.  En el centro, una pérgola florida con bancos en los que sentarse para tomar el fresco y en derredor, los edificios oficiales de antaño reconvertidos en oficinas y dependencias oficiales.

Finalmente queda el nuevo Xauen que se ha desparramado por la montaña, formado por construcciones nuevas de carácter impersonal y en el que han encontrado acomodo los nuevos habitantes, muchos procedentes del resto del país y llegados al calor del desarrollo turístico.

Ofertas de Hoteles en Chauen, siempre al mejor precio