Ottawa, capital federal de Canadá
Tal cual saben bien los alumnos que han estudiado geografía, que hoy en día son más bien pocos todo hay que decirlo, Ottawa es la capital federal de Canadá. Su propio asentamiento a la orilla del río del mismo nombre es todo un símbolo de la federación política entre el Bajo y el Alto Canadá. En efecto, la ciudad propiamente dicha continua sin solución de continuidad en la orilla septentrional de ese mismo río, pero cuando se cruza el puente que separa las dos orillas cambia de nombre, provincia y lengua y se convierte en Gatineau, pertenece a Québec y habla francés.
Ottawa es por tanto y debido a su misma naturaleza, territorio neutral. La mayor parte de sus puntos más interesantes están en dicha ciudad: el parlamento, un edificio neogótico de 1860, en cuya explanada delantera se realiza en julio y agosto el vistoso espectáculo del cambio de la guardia y la catedral de Notre Dame, de 1839, también neogótica y con un espectacular órgano en su interior, la Galería Nacional, el Museo Imperial de Guerra –Canadá intervino activamente junto a los aliados, con un importante tributo de sangre, en las dos guerras mundiales, así como el típico mercado de Bayard, pero para visitar el museo más importante, que es el de las Civilizaciones, hay que cruzar el puente e ir a Gatineau.
Los recorridos turísticos suelen incluir un rápido paso junto a la residencia del primer ministro, que no tiene mayor interés –como si los tours de Madrid pasaran por Castellana 3 o por Moncloa- y la del Gobernador General –representante de la Reina- de la que no se ve más que la portería y los jardines. Dicho sea de paso, la persona que ocupa ahora mismo este cargo es una mujer periodista de origen haitiano y raza negra, lo que simboliza muy elocuentemente la multiculturalidad de este país, abierto a todas la inmigraciones, aunque bien reguladas.












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