Las islas napolitanas: Ischia, Capri y Procida

Nos propusimos descubrir las islas que bordean la bahía napolitana y empezamos por Ischia. Desembarcamos en un pequeño puerto junto a la aldea de Lacco Ameno, donde la calle principal discurre paralela al mar, sobre una playa de arena fina y limpia que, a finales de octubre, todavía estaba ocupada por personas que disfrutaban de los acariciadores rayos del sol.

La isla se cuenta con diez hoteles de cinco estrellas, 66 de cuatro estrellas, 130 de tres estrellas y así sucesivamente hasta un total de 321 establecimientos hoteleros. Sume usted a estas cifras las correspondientes a campings, albergues, casas de vacaciones,  casas rurales, etc., y llegará a la conclusión de que algo mágico sucede en este lugar.

Muchos factores explican la mágica atracción de Ischia. El termalismo es uno de ellos.
A doscientos metros de la costa oriental de la isla se yergue un islote que es un impresionante monte ocupado por el almirante Roger de Lauria en 1284. Alfonso el Magnánimo la fortificó con grandes defensas. Actualmente la silueta del castillo, con sus fortificaciones, las enormes cúpulas de sus templos, sus casas y mansiones, se ha convertido en el símbolo más representativo de toda Ischia. Para unir ambas islas los catalanes construyeron una pasarela de madera que posteriormente fue sustituida por otra de piedra. En el interior del monte, un ascensor facilita el acceso al castillo en nuestros días.

Sir William Walton fue un famoso compositor y director de orquesta británico que pasó gran parte de su vida en Ischia, donde se construyó un palacete en la cima de un pequeño promontorio. Lo rodeó de un romántico parque, con lagos, plantas exóticas y mediterráneas. Tanto la mansión como el parque se encuentran habitualmente abiertos al público.

Nuestro siguiente objetivo fue la isla de Procida, la más pequeña de las tres situadas a la entrada del golfo de Nápoles. Su forma es muy extravagante, con pequeños cuernos o prominencias que le salen por todas partes.  Nos dirigimos a ella en uno de los muchos “aliscafos” (barcos rápidos) que cubren los trayectos entre las tres islas, así como entre ellas y las ciudades de Amalfi y Nápoles. Las calles de Procida son tan estrechas que obligan a los  automóviles a ser también de dimensiones angostas.

El antiguo monasterio de Sant Michelle, convertido actualmente en museo, nos sorprendió por las connotaciones tétricas y escalofriantes. Vimos calaveras y ataúdes, algunos con una misteriosa perforación redonda a la altura de los hombros del difunto. Más tarde nos dirigimos al Belvedere dei Cannone, que recibe este nombre por los dos cañones de bronce estratégicamente situados para defender la isla de posibles invasores.

El periplo finalizó en Capri, isla bien conocida en todo el mundo por las obras de Axel Munthe, que la inmortalizó con sus relatos autobiográficos. Este escritor construyó un palacete en Anacapri, en el mismo lugar ocupado anteriormente por la villa del emperador romano Tiberio.  La mansión en la que Munthe vivió 56 años se conserva hoy como un museo digno de ser visitado.

Ischia (46 kms2) es la mayor de las tres islas situadas a la entrada del golfo de Nápoles. Procida es la menor (4 kms2). Ambas son de origen volcánico, a diferencia de Capri (10 kms2), de una dimensión intermedia entre ambas.

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