Salerno, la tierra de los Mitos
La llaman “Tierra de los Mitos” y lo es verdaderamente. Es la provincia italiana de Salerno, al sur de Nápoles, de una belleza tan extraordinaria que los grandes autores clásicos, griegos y romanos, quedaron maravillados y estupefactos al descubrirla. Doscientos kilómetros de costa frente a las azules aguas mediterráneas del mar Tirreno festonean la Tierra de los Mitos, con inmensas playas de arena fina, acantilados impresionantes y grutas maravillosas que pueden ser visitadas en barca.
En el centro de este inmenso panorama costero se encuentra la capital: Salerno. Su fama y su estratégica posición la hicieron sumamente apetecible durante la antigua Edad Media, tanto, que los normandos persistieron durante ¡treinta años! en el asedio de la ciudad hasta hacérsela suya. Para demostrar su decidida voluntad de permanecer para siempre en ella, el rey de los conquistadores normandos quiso adoptar la religión propia de esas latitudes. Se hizo bautizar como cristiano y mandó construir una inmensa catedral ornamentada por los mejores artistas de la época. No bastándole esto, dotó al templo de una espaciosa cripta con las paredes vestidas de lujosos mármoles multicolores, mientras levantaba un gran vestíbulo de acceso al templo formado por un claustro de dos plantas con columnas y arcos de influencias árabes. Posteriormente los cruzados consiguieron rescatar en Tierra Santa los restos mortales del evangelista San Mateo, que fue enterrado en la cripta de la catedral.
Si retrocedemos con nuestra imaginación a tiempos anteriores a todo esto, nos encontramos con los antiguos griegos, que, empujados por la estrechez de su territorio, buscaron sus “américas” en las costas del sur de la vecina península italiana. En ella fundaron florecientes colonias como la ciudad de Sibaris, poblada por “sibaritas” que provocaron la envidia de los pueblos vecinos por el lujo y la vida regalada que les caracterizaba. “Pero llegó el día en que Crotón, provocado por el lujo y la insolencia de los sibaritas, les despojó en setenta días de todas sus riquezas y destruyó la ciudad”, según afirma Estrabón. Los sobrevivientes que lograron escapar huyeron hacia las costas del mar Tirreno, donde descubrieron las tierras míticas que motivan este reportaje. En ellas fundaron una nueva ciudad puesta bajo el patrocinio del dios de los mares: Poseidón, en griego. La ciudad se hizo grande junto a la desembocadura del río Sele y, con el paso de los años fue modificando su primitivo nombre (Poseidón) hasta adoptar la denominación latina de Paestum con la que ha pasado a la historia.
La gran sorpresa al llegar a Paestum es la de encontrar una espléndida ciudad greco-romana, creada hace unos 2.500 años, con numerosos y espléndidos monumentos en pie, que impresionan por su robustez y armonía. Entre ellos se alzan tres grandiosos templos de la más remota antigüedad griega, caracterizada por el sencillo estilo dórico de los capiteles de la columnata que los rodea.
El sur de Italia, y Paestum de un modo especial, conservan el testimonio de lo que fue el mundo de la Grecia clásica como ninguna otra parte de las antiguas costas del Mediterráneo. De ahí que esa zona haya merecido el calificativo de Magna Grecia (la Gran Grecia).












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