Boda en Isla Mauricio, un paraíso en el Índico

La mezcla de culturas y la belleza de la isla hacen de un viaje de placer una experiencia digna de los grandes viajeros en la que se dan la mano África y Asia.

Mauricio es una isla única porque ofrece todo el exotismo de los destinos remotos sin la mayoría de sus inconvenientes. Esta isla grande situada en el Océano Índico frente a las costas africanas no tiene rascacielos ni embotellamientos, ni tampoco tiene turismo de masas, ni pobreza ofensiva ni polución. Sí tiene playas vírgenes protegidas por arrecifes coralinos, lagunas marinas de aguas transparentes a orillas de unos paisajes extraordinarios. La isla, que fascinó a Mark Twain hasta el punto de decir que era el modelo con el que Dios hizo el paraíso, es realmente diferente, por sus aguas refrescantes, y por su situación en el hemisferio sur, que permite encontrar un clima más fresco en nuestro verano y más cálido en nuestro invierno. Las estrellas brillan con especial intensidad sobre Isla Mauricio, y contemplar en pareja la Cruz del Sur desde sus noches es una experiencia inolvidable.

Indios, criollos, franceses, árabes y chinos
La suma de culturas y de etnias, de religiones, de gastronomías y de lenguas hacen de Isla Mauricio uno de los lugares más atractivos del mundo con una infinita capacidad para estimular los sentidos. Todo tipo de actividades con las que uno puede soñar para un viaje tienen lugar en la isla, desde tomar el sol a pasear por playas de blancas arenas, excursiones y escaladas, vela, submarinismo, windsurf, pesca de altura, golf y noches de diversión. Los hoteles están en las playas, pero el interior de la isla cuenta con extensos campos de caña, con una amplia red de carreteras que atraviesan pueblos cuajados de flores de buganvillas y de flamboyanes, montañas y volcanes, grandes bosques, ríos, cascadas, pueblos sumergidos en una vegetación exuberante y hermosas casas coloniales de estilo francés más que británico, al igual que la cocina de lujo debe más a los grandes maestros franceses que a los superficiales colonizadores del Reino Unido. Los británicos sólo querían la isla para evitar que fuese refugio de navíos enemigos que les hostigaran en la ruta hacia la India, de manera que no intervinieron en la vida cotidiana de la isla, poniendo a los franceses en la misma situación de colonizados que el resto de los grupos étnicos que formaban la población mauriciana.
Esto hizo que blancos, negros, indios, chinos y árabes convivieran en un plano de igualdad bajo el dominio británico y de ahí surgió la extraña buena convivencia de Isla Mauricio. Hoy cuenta con una diversidad de población asombrosa: indios, criollos, árabes, franceses y chinos, cada uno con su religión, sin que existan conflictos étnicos ni religiosos. Un modelo de convivencia entre asiáticos, africanos y europeos.

Además de las playas de ensueño, tan bellas como las mejores de cualquier lugar del Índico, las excursiones cortas pueden hacer que los recién casados descubran lugares encantadores como Le Trou aux Cerfs, un antiguo cráter de volcán lleno de vegetación,, el Chamarel, con una increíble mezcla de colores en la composición de su suelo, donde la tierra forma un arco iris natural. Asombran también las 2.000 hectáreas de reservas forestales nacionales, el Jardín Botánico des Pamplemousses, la capital Port Louis donde se reúnen muchos aspectos de la vida mauriciana, y un bello mercado de frutas y verduras, la Granja de los Cocodrilos, las cascadas de Rochester y las montañas agudas como Le Pouce, Les Trois Mamelles y el Cervino de bolsillo.

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