Vilamoura, la ciudad del golf y de los congresos

Vilamoura es un destino turístico del Algarve portugués plenamente integrado en la naturaleza que le circunda y con una excelente oferta de turismo náutico, de golf y congresos.

Una de las características del litoral peninsular es su variedad: a las zonas de playa se suceden otras de carácter rocoso, con numerosos acantilados, tal cual acontece en el sur de Portugal. La región del Algarve se extiende desde Sagres, junto al cabo de San Vicente, hasta Villa Real de San Antonio, cabe el rio Guadiana, que hace en este punto de frontera con España y su costa responde a esta misma heterogeneidad: desde Sagres hasta Lagos predominan los acantilados, que esconden a veces playas pequeñas. Sigue una zona de transición en La Albufeira y a partir de Vilamoura hacia el este, la zona es rica en arenales, que conforman playas de arena fina y agradable para el baño. Pues bien, justamente queremos hablarles de ese enclave llamado Vilamoura que marca la transición del paisaje de este rincón del sur meridional entre barlovento y sotavento. En pocos años se ha convertido en un agradable punto de destino lúdico, náutico y de congresos y se reclama, con toda la razón, como la oferta más completa de Portugal y una de las mejores de Europa para los amantes del golf.

Detrás de algunos de los grandes destinos turísticos de nuestro tiempo hay soñadores que supieron ver las posibilidades de desarrollo de lo que antaño habían sido poco más que aldeas de pescadores o incluso en algunos casos parajes agrestes y poco habitados. Sería difícil entender la Marbella de hoy sin conocer que hubo personas como Soriano, Ivanrey o Banús, que la hicieron posible. Pues bien, lo mismo ocurre con Vilamoura, un conjunto vacacional surgido de la nada por la imaginación de un emprendedor caballero llamado Cupertino de Miranda.

Vilamoura nació junto a una modesta aldea de pescadores llamada Quarteira, cuyo precedente fue una villa cartaginesa sepultada por el mar a causa de un terremoto habido a finales del siglo XVIII. Reconstruida tiempo después, fue descubierta por el citado empresario a mediados de los años sesenta del siglo pasado. Cupertino de Miranda valoró las posibilidades del Morgado de Quarteira y escogió ese punto para construir una marina en torno a la que ha surgido una espléndida ciudad turística. Al oeste de Quarteira y en torno a una pequeña bahía natural, reconvertida en puerto deportivo y cerrada por sendas playas -Marina al este y Falésia al oeste- fue surgiendo un nuevo conjunto urbano lleno de animación, con hoteles, edificios de apartamentos, zonas deportivas, seis campos de golf, restaurantes, casino, discotecas y bares. Uno de ellos, propiedad del famoso futbolista Figo.

Vilamoura dispone de una excelente planta hotelera, complementada con los servicios adecuados para celebrar toda clase de congresos, regiones, seminarios y actividades colectivas: el Hotel Atlantis, de cinco estrellas, con 608 plazas, Don Pedro Golf & Conference Club, con 534, Tívoli Marinotel, con 705, Don Pedro Marina, con 342, Don Pedro Portobello, con 290, Hotel Vila Galé Marina, con 486, Vila Galé Ampalius, con 774, así como un magnífico Casino dotado de toda suerte de instalaciones para la celebración de eventos.

Todo ello encuentra, sin embargo, su contrapunto en una naturaleza bien conservada. Hacia occidente existe una zona protegida de 200 hectáreas que conforma un parque ambiental, delimitado por el arroyo de Quartiera y atravesado en parte por un canal conocido como la Vala dos Marmeleiros, que se utilizó en el pasado para la irrigación de una zona agrícola. El paisaje, con varias lagunas interiores, está caracterizado por la flora propia de las marismas y humedales del sur peninsular: olmos, juncos y álamos, aunque también se da el arbolado típico del Algarve, rico en almendros, higueras y algarrobos. Abundan las aves, que pueden contemplarse desde el observatorio allí existente. Hay que decir que también los campos de golf reivindican para sí -y no les falta razón- su condición de refugio de fauna autóctona. Vilamoura es un excelente ejemplo de la posibilidad de compatibilizar el desarrollo turístico de una zona con su patrimonio medioambiental y de potenciar éste último con los beneficios de la otra actividad. La vida salvaje no sólo no ha desaparecido, sino que se encuentra más protegida aún en su convivencia con el ser humano en este enclave del Algarve portugués.

Más información en http://www.visitalgarve.pt/

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