Laredo: Fiestas del Desembarco de Carlos V

Laredo revive en septiembre, con la pompa del siglo XVI, la llegada a España desde Flandes, para retirase en Yuste y tras haber abdicado, del empreador Carlos V.

Conocida como la capital de la Costa Esmeralda, la villa cántabra de Laredo se halla situada entre la ría de Treto y la bahía de Santoña. Pues bien, fue en sus aguas precisamente donde desembarcó el rey y emperador Carlos V cuando, de regreso de Flandes y tras haber abdicado en su hijo Felipe, se decidió retirarse al monasterio de Yuste. Para conmemorar este hecho se organiza una espectacular representación en la que numerosas personas ataviadas con trajes de la época, así como el propio emperador y su séquito recrean tan singular evento, desembarcando en la playa Salvé de Laredo y dirigiéndose hasta la plaza de la Constitución. Entre las actividades que se organizan durante esa fiesta destaca una marcha que transcurre por el recorrido que realizó en su retiro al monasterio de Yuste y se abre un espectacular mercado medieval: parte de Laredo y llega Medina de Pomar, pasando por Colindres, Limpias, Ampuero, Rasines, Ramales de la Victoria y Soba, hasta alcanzar el Puerto de los Tornos, límite de Cantabria con la provincia de Burgos.

En total, 41 km. que se cubren en dos jornadas con un alto para pernoctar en Ramales de la Victoria. La ruta está perfectamente señalizada y en el paisaje predominan los prados, alternados con masas boscosas y núcleos de población. Durante el recorrido no es infrecuente encontrar muestras de la supervivencia del pastoreo por tierras cántabras. Cabe recordar que la ciudad cántabra de Laredo ha sido y sigue siendo esencialmente marinera. Se abre al Cantábrico con una inmensa bahía de más de cinco kilómetros y su extensa playa -una de las más largas y de arena más fina de España- está repleta de bañistas en tiempo de verano. Esta localidad, que multiplica su población en época estival, tiene sin embargo una historia ancestral y hay constancia documental de que a finales del siglo X estuvo en poder del conde Fernán González. Más tarde fue distinguida por el rey Alfonso VII con la concesión de un Privilegio y que Alfonso X concedió a su concejo cartas de estimación y merced por su contribución en la reconquista de Sevilla.

Su puerto adquirió notable protagonismo, con los de Sevilla y Cádiz, en las expediciones al Nuevo Mundo. De toda esta historia hablan las entrañables piedras de su Puebla Vieja, que está formada por seis rúas o calles, con las murallas y puertas de acceso y en cuyo interior sobresale, además de numerosas casonas blasonadas, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, mencionada en las cantigas de Alfonso X el Sabio, de pórtico renacentista. La Puebla Vieja se extendió con el tiempo hacia el sur y al otro lado del río Bario en la zona conocida como Arrabal, que está incluida en el conjunto histórico-artístico. Aquí se encuentra la iglesia y convento de San Francisco, la capilla del Espíritu Santo, la puerta de Bilbao, la casa de Hernando de Talavera y el palacio de Zarauz. El ayuntamiento recuerda con un busto del césar Carlos que aquí estuvo el edificio que albergó al emperador y más tarde presenció al nacimiento de la infanta Catalina Micaela, hija de Felipe II e Isabel de Valois. El curioso túnel de la Atalaya, de casi dos kilómetros, atraviesa la colina que bordea el mar y fue construido el siglo XIX para acceder al puerto que arrasó una inoportuna tempestad. Corona esta elevación el Fuerte del Rastrillar, antiguo recinto militar, mientras que las escuelas construidas a expensas del Dr. Velasco han sido habilitadas como Casa de Cultura y también tiene interés la Plaza de Abastos, de estilo neomudéjar, que luce en su fachada su fecha de erección: 1903.
Más información: www.desembarcodecarlosv.org

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